Este edificio es la pieza clave para el resguardo y conservación de la memoria sonora de México, y fue planeado y construido de acuerdo con estándares internacionales para dar atención especializada al acervo sonoro.
En ese sitio se localizan las bóvedas José Antonio Alcaraz y Carlos Jiménez Mabarak que, en conjunto, poseen una capacidad para resguardar 1 millón 300 mil soportes. Ambas cuentan con un sistema para el control de temperatura y humedad que garantiza la permanencia y estabilidad de los soportes los 365 días del año, y un sistema de seguridad integral contra incendios, detectores de humo y circuito cerrado de televisión.
En la planta baja se ubican el laboratorio de conservación y la bóveda de tránsito, que permiten mantener en óptimas condiciones los materiales sonoros durante los diferentes procesos de preservación.
En el primer piso se encuentran los servidores y la infraestructura informática que demanda la Fonoteca Nacional para la correcta atención de su misión cultural.
En el segundo piso se realizan las tareas de catalogación, digitalización y restauración de audio.